2 de julio de 2012

One day, I'll take you to Amsterdam


Un post de hace tiempo inspirado por Amsterdam de Coldplay y por una niña que el día de hoy, ha de tener unos cinco o seis años. 



Para ti pequeña desconocida:


Come on, oh my star is fading...

Hacía ya un par de horas que mi mirada se había ensombrecido.
El cansancio, la rutina, el día a día.

I swerve out of control...

Miré por las ventanas del autobus,
sólo quería detenerme.

If I...
iF I'd only waited,
I'd not be stuck here in this hole...

Entre rosotros fastidiados mis facciones se perdían: "El cansancio, la rutina, el día a día." No sé que fue lo que me hizo mirar al frente, y ahí estabas tu. Algo en tí pareció llamarme:

"Come here..."

Sólo pude quejarme...

Oh, my star is fading,
And I swerve out of control,
And I swear I waited and waited...

Entonces sonreiste.

I've got to get out of this hole...

But time, is on your side, -en tu mirad inocente-
It's on your side, now, -tu gozo del presente-
Not pushing you down, -aun tienes alas-
And all around, -aun puedes volar-
It's no cause for concern...

Parecías jugar un juego que no entendía. Me sentí por un momento excluida de la gracia de tu ligereza y aun así, me mirabas, me invitabas a jugar pero yo no entendía... No entendía... No...

Come on, 
Oh, my star is fading,
And I see no chance of release
And I know I'm dead on the surface...

Entonces todo cobró sentido.

But I am screaming underneath...

Tu risa me lo decía todo...

"And time is on your side,
It's on your side now,
Not pushing you down,
And all around.
Oh, it's no cause for concern."

Te burlabas de mí. ¿Por qué no hacerlo? Complico tanto mi vida que... Olvidé lo que tu sabes por don de nacimiento y entonces, reí... Imité mi gesto severo al igual que tu, con una nueva risa, cada vez más amplia, cada vez más real.

Stuck on the end, of this ball and chain, 
And I'm on my way back down again, -cuan gracioso resultaba ahora-
Stood on a bridge, tied to a noose,
Sick to the stomach.
You can say what you mean,
But it won't change a thing.
I'm sick of the secrets. -cuan gracioso era en realidad-

Reimos por un largo rato.

Stood on the edge
Tied to a noose
And you came along
And you cut me loose...

Urgué en mi mochila en busca de mi pequeño juguete. Si... Aunque pudiera parecerte gris, fría; demasiado adulta, no lo había olvidado.

You came along,
And you cut me loose...

Lo acerqué a tus pequeñas manos.
A pesar de que tu madre insistía en que lo devolvieras, sabías que deseaba con todo el corazón que lo llevaras contigo...

You came along,
And you cut me loose...

26 de junio de 2012

Transparente

Decidí escribir así el día de hoy. Así como platico las cosas, de la forma más simple y llana que se me ocurre. Quiero escribir sobre las cosas que siento. Todo lo que estoy pensando, todo el tiempo. Desde hace algunos días, entre el vapor que sale de miles de gotas de rocío que se evaporan con la presencia del sol, comienzo a ver con más claridad.

El sol se asoma entre las nubes y me pregunto en qué momento lo perdí de vista. Cuando es que se volvió tan nebulosa y tan traslúcida mi mente. Cuando se volvió, además de poblada, tan compleja; estructurada y demás adjetivos que se le acercan a "incomprensible".

La verdad es que no lo sé. Supongo que era parte del proceso y que ahora, no importa. Aun puedo utilizar palabras como "proferir"; cambiar mis problemas por "las tormentas". Convertir mis memorias en gotas de rocío.  Será necesario, creo. Cuando llegue de nuevo el tiempo de las lluvias en mi ser; en otras palabras, las situaciones, experiencias, conflictos, tristezas, etc., que me dejen empapada y con frío y muy sola en el mundo en mi cabeza. 

Mientras tanto, quiero un poco de sol. Un poco de claridad. (Sigue gustándome más el frío y sacándome de quicio, el calor) 





Ale.

21 de junio de 2012

Dos orejitas, y cruzas el puente...

Cuerdas. Listones. Mecate. Todo lo que se pueda. Con nudos, de conejo; de marinero. Piel apretada, ceñida; estática. Herida profunda. 


No hay tal cosa. Tal alucinación no la hace el tiempo. El espacio, mucho menos. Es un miedo profundo y gutural que grita y estalla. Se rompe. Colapsa. Todo el tiempo que cae y se sigue cayendo.


Aire. Agua. Algo que llene los pulmones de otra cosa. Más ligera. Más densa. Depende. Si la quemadura arde o la herida sangra. 

16 de junio de 2012

Amnesia controlada

Nos gusta olvidar.
Nos gusta olvidar quienes somos.
Nos gusta olvidar de donde venimos.
Nos gusta olvidar lo que hemos logrado.
Nos gusta olvidar que somos humanos.

Olvidamos las cosas.
Olvidamos también a la gente.

Nos olvidamos también, de nosotros.

Olvidamos nuestras verdades.
Olvidamos cuales eran mentiras.

Nos gusta olvidar que nos duele.
Nos gusta olvidar que no estamos solos.
Nos gusta olvidar nuestros nombres.
Nos gusta olvidar que, en realidad, jamás olvidamos.
Nos gusta olvidar que no todos olvidamos.

No te voy a dejar olvidarme.

22 de mayo de 2012

De política en contraforma y otras cosas

Las primeras elecciones federales para las que me toca votar. Desde mediados del año pasado, comencé a sentir una cierta picazón en el interior cada vez que me preguntaba por quién votaría... 

Sigo preguntándomelo. Creo que, en el momento en el que esté frente a la boleta, con el crayón o marcador en mano, lo sabré. Tacharé el espacio correspondiente y lo meteré en la urna como quien lanza una moneda a un pozo de los deseos. 

Sé por quién no votaré.

No votaré por Gabo. No lo vale, no va a ganar. (por mucho que quisiera que el internet fuera gratis para todos. ¿De qué serviría en un país que medio se muere de hambre?) Que lo hagan los que realmente no esperan nada, para que se divida, para que haya diferencias marcadas y evitemos las alegatas (las alegatas que seguro, serán inevitables). No votaré por el idiota del copete. Se ha vuelto parte de mi rutina, increparlo a través de las redes sociales. Pregonar sus fechorías y la de sus compinches viejos y nuevos. Me da asco. No quiero de vuelta ese aterrador pasado que no viví, pero que igual acecha en los ojos de los que son más viejos que yo. 

Eso me deja con Chepina y Andrés. Ambos muy diferentes. Ambos muy extraños. Supongo, inusuales. El repudiado de las esferas de poder y beneplácito de los desfavorecidos, y una mujer (es mujer, punto y sí la hace diferente, por mucho que no nos guste y aunque La Gordillo nos aterrorice durante la noche, su perfil, por ese simple hecho y por lógica de acondicionamiento machista, es distinto al de cualquier sujeto). Sin embargo, medito su discurso y me da eso que llaman "hueva", que no es de huevo, si no de huevón. Una mujer que propone y que tiene carácter, en términos de individuo que propone y que tiene carácter, es lo que hace falta; no alguien que alega que tiene ovarios y por ende, buen corazón y que entonces, nos va a salvar. 

Andrés. Ay, Andrés. También he leído sobre ti. Sobre tus fraudes, tus malas compañías, tu rollo sobre el amor y como de seis años a hoy, has cambiado sutilmente tu discurso. También me enteré de las deudas, el populismo. El pueblo que se salva a sí mismo, producto de "la buena mercadotecnia que te rodea". Las comparaciones con Chávez; que debo decir, aunque tendenciosas, me hicieron dudar un poquito. Tú entiendes, hay demasiada información allá afuera, uno puede fiarse de muy poco. 

Sin embargo, basta buscar. Basta indagar para encontrarse con material que pone en duda la veracidad de todo lo anterior. Andrés. Que desmadre causas a donde quiera que te paras. Las televisoras te odian, el PRI te odia, los empresarios te temen; la "Gente Bien", te aborrece. Pero los estudiantes te aman, las personas que te conocen, te siguen. Los intelectuales y artistas te apoyan. el pueblo te ve con cariño. 

He resuelto hacer lo siguiente contigo, Andrés, a reserva de que frente a la boleta, pueda cambiar de opinión: te voy a dar una oportunidad. Una oportunidad al menos en mi cabeza, porque espero que ganes; en aras de la democracia y de darle a otro partido la posibilidad de estar en la silla. Un "a ver que pasa". Mi moneda lanzada al pozo de los deseos. Espero no me falles, a mí y a los miles de mexicanos que seguramente votaremos por ti. Tan segura estoy de que si fallas, (independientemente de si el copetudo o tú, ganan, habrá bronca) las consecuencias serán terribles y el desencanto que caerá sobre esta nación será tan grande, que deberé temer lo peor. Pero, si usted logra dar el primer empujón a ese cambio que tanta falta nos hace deberé, en su momento, felicitarlo.

No nos adelantemos más. Le deseo la mejor de las suertes este primero de julio, no sin antes hacerle una recomendación:

No se le vaya a usted olvidar que la nación (como identidad y proyecto) es más grande que usted. Este país necesita un rumbo, para poder crecer y ser próspero. Déselo. No venga como los niños a tirar las casitas de otros para poder armar las suyas. 
No es eterno, y más allá de su sexenio, debe de haber un proyecto lo suficientemente sólido y claro para que, quien sea que llegue al poder en el 2018, tenga claridad de saber qué es lo que toca; cual es el siguiente paso.


Confiamos en ti, no nos vayas a fallar...


17 de mayo de 2012

Baños para llorar

El azulejo se empaña. Comienza a sudar. Está agitado. Solo y muy cerca, su frío se hace calor que abraza. Calor que emana de mis labios atrapados en un jadeo que no cesa. De pronto me siento en mil pedazos, mil pedazos de hielo que se derriten y escurren entre las juntas chuecas y hacia la coladera. Sin embargo mis manos están sobre la pared. 


Quise enfriarme con el agua del lavamanos. Un poco, un mucho. Que evapore esta humedad y se enfríen los ojos y los nudillos blancos, también las piernas adheridas por el sudor a la tapa del retrete. Que deje de llorar para poder salir de este lugar de mierda. 

18 de abril de 2012

Dream Big

Me gusta sentirme útil. Estar ocupada. Me ayuda a no pensar en pendejadas. A concentrarme. A tomar en serio lo mío y olvidarme un poco del ruido de todos los demás. A permanecer con la mente enfocada en lo que quiero. "Eyes on the prize." 

Sin embargo, a veces siento un hueco. Un diminuto vacío por el que de pronto, se cuela un aire insignificante; otras tantas, una ventisca. 

Trabajo, preparación, proyecto. ¿Y tú? ¿Andarás igual que yo? ¿Con muchos sueños pero aun sin mí? Espero que tu mente te deje descansar y por las noches, no me sueñes. Que la última vez que te soñé, pensé que ya te me habías ido con el sueño. Vamos, que eras mentira.


6 de marzo de 2012

«¿Qué hizo Ole Anderson y por qué no hace nada?»


Inspirado en  Los asesinos de ErnestHemingway



Seguro el idiota andaba buscando problemas. Era típico de Ole meterse en líos e írsele a puños a cuanto cristiano aventurado le retara. Ya fuera por un lugar en la mesa o por un trago perdido en la barra de alguna taberna. En efecto. Esa noche había buscado incesantemente un lugar donde ahogar sus penas, -más bien su pérdidas-. Su entrenador había fallecido hacía unos días. Pensó en varias ocasiones durante los días siguientes que quizás, su carrera estaba en la ruina.
Seguro tendría que volver a vender cigarrillos. Hacía tanto tiempo que no se le apestaban las manos a tabaco, sería raro seguramente.

Entró a una taberna cercana a la pequeña casa en Chicago que su prima le ofrecía cada verano. El aire le asfixiaba un poco pero pensó que con un par de tragos, pronto empezaría a olvidar la sensación.
Un hombre lo miraba de lejos mientras Ole tomaba su lugar en la mejor mesa de la taberna. Se acercó a paso firme y veloz.
“Esta es mí mesa.” Le dijo con una terrible carraspera que le granulaba la voz. Ole no dijo nada y alzó la mano para atraer la atención del mesero.
“Me mesa.” Repitió el hombre, esta vez con más claridad.

Ole se levantó de la silla y se acercó al hombre para hacer aun más notoria su diferencia de estatura.  Los golpes que le propinó a continuación dejaron al hombre en el suelo y a toda la clientela pasmada. Ole regresó a la mesa y terminó vorazmente con su primera cerveza.


. . .

Un, dos, tres golpes en la puerta. Dentro de su cabeza, que daba vueltas por la resaca, habrían bastado tres golpes de estos para derribar la casa. Se tambaleó hacia la puerta y asomó por el picaporte. Atuendos ceñidos y serios, sombreros de hongo y eso que destellaba a la altura de la cintura de ellos, era sin duda un arma. Titubeó. El hombre, la noche anterior, llevaba ese mismo atuendo. Los seguirían para siempre y ya fuera la muerte o ellos, el din era inevitable. 

3 de marzo de 2012

Assault

Demasiado. 


Era demasiado ruido. El aire era esta densa nube de humores cansados y húmedos. La última vez que te vi estabas junto a la barra. "Anda, un trago y ya." De tantas miradas no sabes cual escoger. La que menos parezca de que desliza hacia la nada, supongo. La que te vea de forma presente, que te sienta y que absorba quizás tu esencia. Que se vea en una distante proximidad.


Un trago amargo al vaso. Otra canción. Los pies calan en los zapatos altos. El sonido te mueve, de alguna forma, te arrastra porque en momentos ya no quieres moverte. 
"Estaba en la barra."


Estaba.


Estaba...


¡Estaba!


Empujo a la gente. Ni cuenta se dan de todas formas. Donde. Llego a la barra y no está. Miro a todos lados. Su cabello es inconfundible y un tanto iridiscente en esta no luz y no lo veía en ninguna parte.
Me acerco al baño. Decadente. Hay gente en los pisos lamiendo la mugre y la humedad. Algo de vómito por aquí y por allá. La música truena. Se mueve y mucho, tras la última puerta. Reconozco los zapatos rojos y otro par hosco y lodoso. Me paralizo. Placer o martirio. No puedo decidirlo. El grito me ayuda. El golpe me despierta.
Me lanzo sobre la puerta a puños y a gritos. Cede. Un poco el ruido. ¡Abre! ¡Abre! Es ella o es él. A mí o a ella. Hay mucho ruido. 


Demasiado.  



14 de febrero de 2012










Picaporte, crujido. Cuadro. Suelo frío. Alfombra mullida. Grito.


Toco la madera como para cerciorarme de la vida, que para mi fortuna y con mi pericia, he logrado salvaguardar en este armario por lo menos, un par de minutos más. 


Grito.


Necesito pensar. Primero, recordar quien soy, cómo me llamo; de donde vengo. Qué hacer en los próximos treinta segundos que parecen eternos. 


Crujido.


Debo salir. Porque la sangre y el miedo, huelen y así perduran en el aire por mucho tiempo; suficiente para que me encuentren. 


Cerca. Un ruido. 


No me había percatado de cuanto es lo que tiemblo. El armario, seguro con la pata desgastada, tiembla también conmigo adentro. 


Susurro. No, siseo. Me abrazo a mis rodillas para quitarme el frío y el temblor que me delata. Me asomo por el picaporte una vez más. De pronto, se extingue el exterior. 


Ojos abiertos. Ojos cerrados. Ojos abiertos.


Sé que la puerta se abre pero la oscuridad no cede. La mano que me arrastra fuera de mi escondite; algo le falta o le sobra que no es humana.


Serán los dedos, la fuerza con la que me arroja al suelo y me saca el aire el tiempo suficiente para entonces, saberme indefensa, lo suficientemente frágil; elocuentemente resignada.